Cómo ayudar a los niños a mejorar la ortografía sin limitarse a corregir faltas
¿Quieres que tus hijos o tus alumnos cometan menos faltas de ortografía?
Una de las ideas más importantes que debemos tener en cuenta es que la ortografía no
se aprende únicamente corrigiendo los errores una vez que el niño ha terminado de
escribir. Si queremos que un alumno mejore realmente su competencia ortográfica, debemos
enseñarle estrategias que pueda utilizar antes, durante y después de la escritura.
Antes de escribir: anticipar las dificultades
Antes de comenzar una tarea de escritura podemos dedicar unos minutos a anticipar
aquellas palabras que probablemente van a resultar más difíciles.
Podemos observarlas con atención, pronunciarlas, separar sus sílabas, buscar palabras
de la misma familia y destacar visualmente aquellas letras o partes de la palabra que
suelen provocar errores.
Por ejemplo, si queremos trabajar una palabra que contiene una letra especialmente
conflictiva, podemos pedir al niño que se fije expresamente en ella, que la pronuncie y
que la relacione con otras palabras que ya conoce.
También resulta muy útil crear un banco personal de palabras difíciles.
No se trata de entregar la misma lista de palabras a toda la clase, sino de que cada
alumno vaya construyendo un pequeño registro con aquellas palabras que suele escribir
incorrectamente. De esta manera, el trabajo ortográfico responde a las necesidades reales de cada niño.
Durante la escritura: enseñar a detectar las dudas
Otro aprendizaje fundamental consiste en enseñar a los alumnos a no escribir de manera
completamente automática.
Queremos que poco a poco desarrollen una especie de “alarma ortográfica” que les
permita detenerse cuando dudan sobre una palabra.
Durante la escritura podemos enseñarles a releer cada frase, localizar las palabras sobre
las que tienen dudas y comprobarlas utilizando diferentes recursos: el diccionario, un
mural ortográfico del aula, sus propios apuntes o su banco personal de palabras.
También podemos utilizar códigos sencillos de revisión.
Por ejemplo:
una marca para revisar las tildes;
otra para comprobar las mayúsculas;
otra para las letras que generan dudas;
y otra para revisar la puntuación.
De este modo, el niño aprende a revisar por categorías.
Esto suele ser mucho más eficaz que decirle simplemente: “Lee otra vez el texto y
comprueba si tienes faltas”.
Después de escribir: corregir menos, pero aprender más
Cuando el texto ya está terminado, tampoco es necesario llenar toda la hoja de marcas
rojas.
Corregir absolutamente todos los errores puede resultar abrumador y, en muchas
ocasiones, no implica que el alumno vaya a aprender esas palabras.
Es preferible seleccionar algunos errores relevantes, analizarlos y trabajar con
ellos.
Podemos preguntar qué ha ocurrido, fijarnos en la parte de la palabra que ha provocado
la dificultad y pedir al alumno que vuelva a utilizarla posteriormente en una frase
diferente.
El objetivo no es simplemente que vea cuál era la respuesta correcta, sino que tenga
nuevas oportunidades de recuperar esa palabra y escribirla correctamente.
Actividades que ayudan a consolidar la ortografía
Existen muchas actividades sencillas que podemos incorporar tanto en casa como en el
aula.
Funcionan especialmente bien los dictados breves y frecuentes, los dictados preparados
previamente, los dictados por parejas, los textos que contienen errores que los alumnos
deben localizar, el trabajo con familias de palabras y los juegos de memoria visual.
También son muy importantes las rutinas de recuperación.
Esto significa volver a pedir al niño, unos días después, que escriba palabras que ya
habían sido trabajadas.
Porque reconocer una palabra cuando acabamos de estudiarla no significa
necesariamente que se haya aprendido.
Para consolidarla necesitamos recuperarla de nuestra memoria en diferentes momentos.
No todas las faltas de ortografía son iguales
Otro aspecto fundamental es comprender que no todos los errores deben corregirse de
la misma manera.
No es lo mismo olvidar una tilde que confundir la b y la v. Tampoco es igual
equivocarse en una palabra conocida que escribir incorrectamente una palabra que el
niño apenas ha visto escrita anteriormente.
Cada tipo de error nos aporta información diferente y puede requerir una intervención
distinta.
Por eso, antes de pedir al alumno que copie una palabra muchas veces, debemos
preguntarnos qué necesita realmente aprender.
Copiar una palabra diez veces de forma automática no garantiza que vaya a recordarla la
próxima vez que tenga que escribirla.
La ortografía se aprende fijándose
Para mejorar la ortografía necesitamos poner en marcha diferentes procesos:
mirar, pronunciar, relacionar, escribir, revisar y volver a recuperar.
El objetivo final no es conseguir que los adultos encuentren cada vez más faltas.
Es conseguir que sean los propios niños quienes aprendan a observar las palabras,
detectar sus dudas, comprobarlas y revisar de manera progresivamente autónoma.
Porque la ortografía no mejora corrigiendo más.
Mejora enseñando a los alumnos y a nuestros hijos a fijarse mejor.




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