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¿Ya estás llenando septiembre de extraescolares?

Maria Tena Riera
hace 1 día
2 min de lectura

El curso "perfecto" no es el que más actividades tiene.

Cada verano se repite la misma escena en muchos hogares: familias sentadas frente al

calendario, intentando encajar todas las piezas para diseñar el curso perfecto para sus hijos.

Inglés, natación, música, robótica, baloncesto... la intención es maravillosa —dar a los niños

todas las oportunidades posibles— pero, sin darnos cuenta, muchas veces acabamos

llenando su agenda hasta dejar apenas huecos libres.


¿Qué dice realmente la investigación?

La investigación educativa y del desarrollo infantil es clara en un punto: las actividades

extraescolares pueden ser muy beneficiosas, pero solo cuando están bien elegidas y existe

equilibrio. No se trata de una competición por acumular actividades, ni cuantas más mejor.

Porque los niños, además de aprender inglés o mejorar su técnica de natación, también

necesitan otras cosas igual de importantes:

  • Tiempo para aburrirse

  • Tiempo para jugar libremente

  • Tiempo para descansar

  • Tiempo para estar, simplemente, en familia


El valor de lo "no estructurado"

Es precisamente en esos momentos menos organizados —cuando no hay ninguna actividad

dirigida por un adulto— donde los niños desarrollan algunas de las funciones ejecutivas

más importantes para su vida futura: la planificación, la creatividad, la autorregulación y la

resolución de problemas.

El aburrimiento, tan mal visto muchas veces, es en realidad un motor de creatividad.

Cuando un niño no sabe qué hacer, su cerebro se pone a trabajar para encontrar una

respuesta, y ahí es donde surgen los juegos inventados, las historias imaginadas y las

soluciones propias.


Entonces, ¿las extraescolares son malas?

En absoluto. De hecho, participar en actividades organizadas suele asociarse con beneficios

sociales, emocionales e incluso para la salud, especialmente cuando responden a los

verdaderos intereses del niño y no saturan su tiempo. El problema no está en las

extraescolares en sí, sino en la falta de equilibrio a la hora de elegirlas.


La pregunta que de verdad importa

Así que, antes de terminar de rellenar esa agenda de septiembre, quizá la pregunta que

deberíamos hacernos no es "¿cuántas actividades hace mi hijo?"

, sino algo mucho más

sencillo y mucho más importante: ¿le queda tiempo para ser niño?

Planificar el curso está bien. Pero conviene recordar que en la infancia también hay

aprendizajes que no aparecen en ningún horario, y que, muchas veces, son los más

importantes.

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