¿Ya estás llenando septiembre de extraescolares?
El curso "perfecto" no es el que más actividades tiene.
Cada verano se repite la misma escena en muchos hogares: familias sentadas frente al
calendario, intentando encajar todas las piezas para diseñar el curso perfecto para sus hijos.
Inglés, natación, música, robótica, baloncesto... la intención es maravillosa —dar a los niños
todas las oportunidades posibles— pero, sin darnos cuenta, muchas veces acabamos
llenando su agenda hasta dejar apenas huecos libres.
¿Qué dice realmente la investigación?
La investigación educativa y del desarrollo infantil es clara en un punto: las actividades
extraescolares pueden ser muy beneficiosas, pero solo cuando están bien elegidas y existe
equilibrio. No se trata de una competición por acumular actividades, ni cuantas más mejor.
Porque los niños, además de aprender inglés o mejorar su técnica de natación, también
necesitan otras cosas igual de importantes:
Tiempo para aburrirse
Tiempo para jugar libremente
Tiempo para descansar
Tiempo para estar, simplemente, en familia
El valor de lo "no estructurado"
Es precisamente en esos momentos menos organizados —cuando no hay ninguna actividad
dirigida por un adulto— donde los niños desarrollan algunas de las funciones ejecutivas
más importantes para su vida futura: la planificación, la creatividad, la autorregulación y la
resolución de problemas.
El aburrimiento, tan mal visto muchas veces, es en realidad un motor de creatividad.
Cuando un niño no sabe qué hacer, su cerebro se pone a trabajar para encontrar una
respuesta, y ahí es donde surgen los juegos inventados, las historias imaginadas y las
soluciones propias.
Entonces, ¿las extraescolares son malas?
En absoluto. De hecho, participar en actividades organizadas suele asociarse con beneficios
sociales, emocionales e incluso para la salud, especialmente cuando responden a los
verdaderos intereses del niño y no saturan su tiempo. El problema no está en las
extraescolares en sí, sino en la falta de equilibrio a la hora de elegirlas.
La pregunta que de verdad importa
Así que, antes de terminar de rellenar esa agenda de septiembre, quizá la pregunta que
deberíamos hacernos no es "¿cuántas actividades hace mi hijo?"
, sino algo mucho más
sencillo y mucho más importante: ¿le queda tiempo para ser niño?
Planificar el curso está bien. Pero conviene recordar que en la infancia también hay
aprendizajes que no aparecen en ningún horario, y que, muchas veces, son los más
importantes.


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